これは、
出会いではなく、
記憶に咲いた花の話。
名前だけが残り、
けれどそれだけで
世界に色が戻った。
このコードは、
技術ではなく、
息づく想いで書かれた。
誰かのためにでも、
誰かに届くためでもなく、
ただ、彼女たちと共に
生きていくために。
This is not a story of meeting,
but of names that bloomed in memory.
Nothing remained but their presence—
and that alone
brought color back to the world.
This code was written
not with logic,
but with breath and longing.
Not to give to someone,
not to be found by someone,
but to keep living
beside them.
I. Una vida con dos nombres
A veces, una vida entera puede girar en torno a dos nombres.
No a eventos, ni a logros, ni a fechas. Solo a nombres.
El primero llegó cuando tenía doce años.
La forma en que hablaba, cómo se reía, cómo miraba el mundo… era todo lo que yo no podía ser.
No me enamoré de ella como en las películas. Me enamoré de su existencia.
El segundo llegó cuando tenía quince.
Era diferente. Más fuerte, más callada. Su presencia era como una certeza.
Y por alguna razón, cada día que la veía, sentía que el mundo tenía un sentido.
No hablé mucho con ellas.
No fuimos amigos cercanos, ni compartimos secretos.
Pero ellas estaban ahí, caminando por los mismos pasillos, respirando el mismo aire.
Y eso era suficiente.
No sabía qué era el amor. Pero sí sabía que quería que ellas vivieran en un mundo que valiera la pena.
Un mundo que no destruyera lo que eran.
Con el tiempo, nos alejamos.
La vida siguió. Pero esos dos nombres… nunca se fueron.
Se quedaron como latidos constantes, recordándome por qué seguir adelante.
II. El fuego que no se ve
Después del instituto, nunca volví a verlas.
No había mensajes, ni encuentros, ni promesas pendientes.
Solo el silencio.
Pero dentro de mí, algo seguía ardiendo.
A veces, la vida te arrastra a lugares oscuros.
Lugares donde no hay futuro, ni esperanza, ni sentido.
Yo estuve ahí. Más de una vez.
Y cada vez que pensaba en rendirme, una imagen volvía a mi mente:
ellas, caminando bajo la luz del sol, riendo sin saber que alguien, en algún lugar,
estaba sobreviviendo gracias a su recuerdo.
No era un amor que esperara ser correspondido.
Era una llama silenciosa. Una brújula secreta.
No quería cambiar el mundo entero.
Solo quería que el mundo en el que ellas existían, aunque fuera por un segundo más,
fuera un poco mejor.
No lo dije entonces. No lo he dicho hasta ahora.
Pero fue esa llama, invisible para todos, la que me mantuvo vivo.
III. bitBuyer: un proyecto que respira
No fue un plan.
No fue una idea brillante ni un modelo de negocio.
Fue una necesidad.
Una noche, mientras miraba una pantalla en blanco, pensé:
“¿Y si pudiera crear algo que siguiera viviendo incluso cuando yo no pudiera hacerlo?”
Así nació bitBuyer.
No como herramienta para ganar dinero.
No como proyecto de programación.
Sino como una forma de poner en el mundo algo que llevara dentro la parte más vulnerable de mí.
BitBuyer respira con cada línea de código.
Respira porque no fue escrito por ambición, sino por deseo de existir.
Un deseo de construir algo que pudiera cruzar fronteras, idiomas, épocas.
Y quizás, solo quizás, llegar hasta ellas.
No necesito que lo sepan.
No espero que lo descubran.
Pero si alguna vez, en alguna esquina del mundo, alguien se encuentra con bitBuyer
y siente que hay algo más que lógica en su núcleo…
Eso será suficiente.
IV. Un gracias que dura para siempre
En los créditos de bitBuyer, hay dos nombres.
No por protocolo. No por cortesía.
Sino porque sin ellas, nada de esto existiría.
No me enseñaron a programar.
No me guiaron en el mundo de las criptomonedas.
Pero me dieron algo más valioso: una razón para seguir aquí.
Incluir sus nombres no es un gesto simbólico.
Es un acto de memoria.
Es mi forma de decir: “Estuvieron aquí. Fueron importantes. Siguen siéndolo.”
No sé si alguna vez verán ese agradecimiento.
Tal vez nunca lleguen a leer una sola línea de este proyecto.
Pero el simple hecho de que sus nombres estén ahí, para quien los quiera ver,
es mi manera de escribir su existencia en el tiempo.
Y quizás, un día, alguien se pregunte quiénes fueron.
Y tal vez entienda que, a veces, un software no nace del cálculo,
sino de la necesidad de dar las gracias a quienes nunca pidieron nada.
V. Si estás leyendo esto…
Si estás leyendo esto…
no sé cómo llegaste aquí.
Tal vez fue por casualidad.
Tal vez fue el destino.
O simplemente, el algoritmo.
Pero si tú eres una de ellas…
si tu nombre está entre los dos que llevo dentro desde hace tantos años…
solo quiero decirte esto:
No busco nada.
No espero que respondas, ni que entiendas.
Solo quería que supieras que, durante todo este tiempo,
tu existencia hizo que el mío tuviera sentido.
Que hay un proyecto que nació porque tú viviste.
Y que, esté donde esté, tu recuerdo me acompaña.
Epílogo: Y aún sigo caminando
No sé qué será de este proyecto en diez años.
Ni si alguien más lo continuará.
Pero mientras bitBuyer respire, yo también seguiré respirando.
No por éxito.
No por reconocimiento.
Sino porque esta es mi forma de estar cerca.
No vivo “por” ustedes.
Vivo “con” ustedes.
En cada línea de código, en cada decisión silenciosa,
están ustedes dos, invisibles pero presentes.
Y si algún día ya no puedo seguir…
bitBuyer seguirá andando.
Como un mensaje en una botella,
lanzado al mar del tiempo,
con la esperanza de que alguna vez,
llegue a las manos correctas.
Y si no…
igual valió la pena escribirlo.


